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Proyecto de Ley de Conocimiento Libre es posible “en el país de Chávez” PDF Imprimir Correo
Viernes, 27 de Febrero de 2015 00:00

Proyecto de Ley de Conocimiento Libre es posible “en el país de Chávez”Un conversatorio político, denominado “Universidad con mayores niveles de pertinencia social”, fue la propuesta planteada por trabajadores/as de la Comisión Nacional de las Tecnologías de Información (Conati) para reflexionar sobre un perfil de país que impulse la producción y apropiación social del conocimiento

Al frente de la jornada, estuvieron Marianícer Figueroa, activista del Movimiento por el Conocimiento Libre; y Maritza Capote, directora de Producción y Recreación de Saberes de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV). Ambas ponentes conversaron sobre los cambios que deben hacerse, en las universidades, para asegurar la actividad creadora y la socialización de los saberes.

Al iniciar su turno de habla, Figueroa felicitó a los trabajadores del Ministerio del Poder Popular para Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología, por darse el permiso para pensar juntos: “Eso dice mucho del compromiso para 'resignificarnos' como servidores públicos, y estimular la formación permanente como práctica de libertad".

A su vez, María Ruiz, directora general de la Conati, llamó la atención sobre el papel de todos los frentes de servidores públicos en este propósito, y argumentó que "estos espacios de formación son fruto de un esfuerzo conjunto para promover la toma de conciencia social, por parte de la clase trabajadora, y la configuración de un entramado de pensamiento y acción liberadores".

La directora Ruiz enfatizó que estos espacios simbolizan lo que queremos para el país y qué hacemos para lograr los objetivos: “El reto es trabajar para que el conocimiento deje de ser una mercancía, y se convierta en garantía para el buen vivir de los venezolanos”.

En concordancia con lo anterior, el viceministro para Fortalecimiento Institucional, Conectividad e Intercambio del Conocimiento, Carlos Figueira, recordó los avances del Estado venezolano para cultivar una sociedad creadora: "Lo que está implícito en la Ley de Infogobierno es el conocimiento libre y la soberanía política de Venezuela. El conocimiento dignifica, el conocimiento despierta el pensamiento crítico: es el camino para alcanzar las metas que tenemos como país”.

Comprometidos con la liberación
Maritza Capote es una docente­investigadora que ha ido fortaleciendo su espíritu emprendedor con la experiencia de la problematización. Para ella, “el trabajo de la universidad es casi un apostolado: debe forjar una cultura política de independencia”.

Al hacer referencia a la responsabilidad del alma máter en la gestación de una ciudadanía crítica, insistió en que “la universidad ha estado, históricamente, comprometida. ¡No hay universidad neutra, ni aunque se piense así! Las preguntas son: con qué, con quién y para qué”.

Entre las contradicciones que traza el sistema, Capote denunció que “las universidades legitiman formas de pensar que reproducen desigualdades. La racionalidad capitalista pretende ocultar las desigualdades; y cómo estas generan carencias espirituales, intelectuales y sociales. Una constante en todos los modelos educativos que hemos tenido tiene que ver con las dinámicas del capitalismo, de expropiación y dominación”.

“En Venezuela, la jerarquización de lo foráneo, la formación reproductiva, la investigación con escasa pertinencia social y política son limitantes de la universidad”, remarcó la profesora Capote.

Insistió en el deber de propiciar la ruptura con las ideologías dominantes, y de reconocer los saberes construidos en la experiencia: “¿Qué significa pensar de otra manera? Romper con la concepción elitista, reconocer la otredad, producir conocimiento al servicio del pueblo, expresar una práctica educativa  liberadora. ¡El Norte no puede seguir decidiendo quién investiga y para qué investiga!".

Capote destacó la posición del Gobierno Bolivariano sobre la 'inclusión­incluyente': “La universidad debe estar abierta a todos los actores, hasta para aquellos que tienen otros niveles educativos pero que, también, necesitan participar del trabajo productivo. No podemos estar de espaldas a ellos”.

“Debemos reflexionar sobre qué hay detrás de nuestras formas de pensar para poder gestar una universidad comprometida con la emancipación. Tenemos la responsabilidad de fomentar la producción de conocimientos pertinentes con las transformaciones sociales”, exhortó.

La directora de Producción y Recreación de Saberes de la UBV fue clara al expresar su convicción sobre qué significa una universidad revolucionaria: “No queremos cambios para que las cosas permanezcan como están. Una universidad revolucionaria es la que, con innovación, contribuye a forjar una cultura política cónsona con la participación y el protagonismo popular; a fortalecer valores de solidaridad, compromiso social, identidad nacional e integración latinoamericana”.

Anunció que, en esta tarea de reconocimiento de las comunidades como zonas de producción de saber, la UBV creó un programa de formación en pesca y acuicultura, con el apoyo de pescadores de los estados Nueva Esparta y Falcón. “Tenemos el reto de integrar el conocimiento académico y el popular para potenciar la producción nacional y fortalecer nuestra independencia”, enfatizó la maestra.

Marianícer Figueroa, activista por el conocimiento libre, coincidió con la necesidad de construir nuevos conceptos que resignifiquen otras formas de ver la vida. Hizo énfasis en que uno de los compromisos fundamentales de la universidad es hacer investigaciones militantes, “hechas por o con la gente del valle y no por los que están en la montaña, desde arriba, viendo el valle”.

Figueroa interpeló: “¿Cuál es el posicionamiento político de nuestras instituciones universitarias? ¿Cuán neoliberales siguen siendo nuestras universidades?, ¿cuán coloniales? ¿Cuánto del conocimiento que se genera en las universidades ayuda a resolver los problemas de las comunidades donde estamos insertos?”.

Para la psicóloga Figueroa, la academia tiene una racionalidad indolente en la que lo único que vale es el conocimiento académico: “El conocimiento entró a la rueda del mercado capitalista, como el mayor bien económico de nuestra época, susceptible de privatización, a costa del dolor de los pueblos, inclusive”.

“¿Por qué tiene que venir la Unesco a decirnos que nuestro conocimiento es patrimonio ancestral de la humanidad, mientras que el saber del Norte permanece protegido con régimen de 'propiedad intelectual'?

Hay un desprecio por la producción local. Incluso, hay valoraciones sobre la calidad del conocimiento que nos viene del extranjero: 'Si es de China, no sirve'”, cuestionó la investigadora.

Figueroa denunció que, en Venezuela, el conocimiento está secuestrado: “Hay un secuestro de la creación intelectual. ¿Cómo es que el Estado venezolano paga por investigaciones que, luego, van a parar en bases de datos propietarias; y tiene que volver a pagar (en dólares) para acceder a los resultados? ¡Pagamos dos veces!”.

La impulsora del Proyecto de Ley de Acceso al Conocimiento Libre aclaró que “decir conocimiento libre es una denuncia”, como causa política, en un sistema que todo lo convierte en mercancía: “El conocimiento público es libre: no debe tener restricciones ni culturales, ni económicas ni legales”.

Subrayó: “El Proyecto de Ley de Acceso al Conocimiento Libre lo hacemos en el país de Chávez. Porque, el Comandante fue el mayor promotor del acceso al conocimiento sin ningún tipo de restricción. Uno de los objetivos de la Revolución es superar la competitividad en los procesos de creación intelectual, y el acceso cerrado al saber. Desde Venezuela, apostamos a una producción de conocimiento en comunidad”.

A su juicio, tenemos el reto de construir un conocimiento que “nos liberte” de los modos de vida hegemónicos, de la cultura consumista, del pensamiento enajenado.

Ante las incongruencias y paradojas que encierran las creaciones intelectuales de las universidades, pidió reconocer los derechos morales de quienes construyen información: “Hay reflexiones subyacentes de saber- poder en los espacios pedagógicos. Muchos de los trabajos de ascenso de los profesores universitarios son hechos por estudiantes, y no se les reconoce; tampoco se reconoce el aporte de las comunidades”.

La activista ratificó que el conocimiento libre tiene que ver con el cuido de la otredad. “El conocimiento se amplía en el encuentro con el otro. Nadie genera conocimiento solo: construye con otro u otros. Solo en ese diálogo, podemos llegar a procesos de transformación y emancipación. Es un otro que aparece para interrogarnos, y en la asunción de aceptar su presencia, aceptamos la responsabilidad que tenemos con ellas y con ellos, más como deber imperativo, como un acto ético y amoroso de generosidad”.

La investigadora apuntó que una expresión de la homogeneización ideológica es la tesis de que quienes permanecen en la universidad son superdotados, sin considerar la 'inclusión­excluyente': “El sistema educativo no está hecho para mí: por eso deserto”.

Alertó que, “si seguimos con los cercos, nunca vamos a tener una universidad que se preocupe de por qué la gente deserta en el camino, de por qué algunos nunca llegan, de por qué seguimos formando de la manera en que lo hacemos”.

Leyes que rompen barreras
En cuanto al uso y desarrollo de tecnologías libres en el país, la activista Marianícer Figueroa aconsejó que “no debe visibilizarse solo como algo técnico, sino como algo que tiene que ver conmigo: con el derecho a la libertad. Desde el Poder Público, debemos ver cómo problematizamos este tema que se está invisibilizando”.

“Lo primero es la conciencia social y, luego, lo técnico. Si no lo hacemos así, seguiremos colonizados en el uso de las tecnologías de información y, por tanto, no avanzaremos en la democratización del conocimiento. Las universidades tienen el deber de formar al respecto”, indicó esta investigadora que hace camino en el Centro Internacional Miranda.

Prensa Conati

 

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